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CON LA REPUBLICA CONTINUARON
LAS CARRERAS
El
14 de abril de 1931 se produce la abdicación del rey Alfonso XIII
y la proclamación de la II. República; la directiva de la
SFCCE dimite en pleno, e incluso se plantea la disolución de la
entidad, en solidaridad con el monarca. La disolución no se lleva
a cabo al ofrecerse a ocupar la presidencia el conde de la Dehesa de Velayos.
En
1932 no se corrieron carreras en Aranjuez y se produjo una disminución
general en los premios muy considerable. En verano una comisión
de la Sociedad de Fomento visita en San Sebastián al ministro de
Hacienda, Sr. Carner para pedirle una subvención de 250.000 pesetas,
la situación es catastrófica y comienza a hablarse por vez
primera de la desaparición de la Sociedad.
A
finales de 1932, Luis
Figueroa, Presidente de la SFCCE hacía balance en la Revista HIPODROMO
de las gestiones encaminadas a salvar la decadente situación del
hipódromo de esos días.
Las
primeras visitas nada más acceder al cargo las realizó al
presidente Alcalá Zamora, a los políticos Azaña, Prieto,
Maura y Albornoz (por entonces Ministro de Fomento) y al alcalde de Madrid
D. Pedro Rico. Fue recibido por todos ellos y fue D. Manuel Azaña
el que mayor esperanza produjo en el de Velayos. Sin embargo, los programas
no fueron sustentados en parte alguna: teniendo la Sociedad que soportar
todos los costes.
En
una posterior visita al Sr. Azaña en ese mismo año, éste
se extrañó de que sus promesas no se hubiesen concretado,
y entregó a Figueroa una carta de apoyo, para presentarla al Subsecretario
de Agricultura D. Santiago Valente y al Director General de Ganadería
D. Marcelino Domínguez. Ambos prometieron la Subvención;
sin que ésta llegara a producirse.
En
el periplo emprendido por Figueroa, la siguiente visita es al Presidente
del Gobierno, quien le llegó a prometer que aumentaría con
una cantidad procedente de su pecunio particular, la subvención
oficial que a la Sociedad dieran los organismos oficiales. Se mostró,
además, satisfecho al conocer la iniciativa de instituir un Gran
Premio Presidente de la República. Hasta tal punto parecía
mantenerse buenas relaciones, que ese mismo otoño el presidente
Azaña asistió a las carreras.
El
2 de enero de 1933 se produce una orden de caducidad de la concesión
a la SFCCE para utilizar los terrenos del Hipódromo
de la Castellana. El Hipódromo de Legamarejo se ve forzado así
a reabrir sus puertas.
El
nuevo Hipódromo debería haberse entregado a la Sociedad,
pero tal hecho no se llevó a cabo. Siendo Ministro de Obras Públicas
D. Indalecio Prieto (persona que siempre había manifestado su talante
colaborador), al verse presionado, quiso construirlo en los Campos de Valverde.
Cuando
Alejandro Lerroux accede a la Jefatura del Gobierno, comenzó a hablarse
por primera vez de la Zarzuela como recinto hípico.
En
1933 se corre definitivamente en Legamarejo. Había autobuses y un
tren especial. Hubo 23 reuniones.
El
público dejó de acudir a Legamarejo. En 1934, se dieron sólo
88 carreras.
La
República prohibió la mención de los títulos
nobiliarios. El presidente pasa a firmar como Luis Figueroa, sin su denominación
de Conde de la Dehesa de Velayos.
A
finales del año parecía decidida la construcción de
un nuevo hipódromo en terrenos de El Pardo. La temporada en Aranjuez
es inviable y las carreras se van a Lasarte.
En
1936 se trabaja en la Zarzuela, pero la situación económica
es de auténtico descalabro.
Sólo
quedan 9 preparadores, 13 jockeys y 4 aprendices: Luis Ceca Serrano, Pablo
Emilio Ceca Simón, Manuel García Montalvo y Jesús
Méndez López.
Los
desastrosos resultados de las temporadas celebradas en Aranjuez hacen que
la SFCCE decida el traslado total de la actividad hípica a Lasarte,
donde las cosas, sin embargo, no mejoraron demasiado. Allí se corrió
cii 1935, pero la temporada de 1936 sólo pudo llegar hasta su quinto
día, 12 de julio. Una vez conocida la noticia de la sublevación
del 18 de julio, las autoridades guipuzcoanas, que permanecieron del lado
del Gobierno republicano, se incautan, según relata del Conde de
Guaqui en «Un tercio de siglo», «de todo el contingente
de purasangres y lo venden, a precio de carne a un tratante francés
que lo llevaba camino de la frontera cuando la cerraron en Irún
los requetés del General Mola».
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