EL HIPODROMO DE LA CASTELLANA

En 1878 es elegido presidente Manuel Falcó d’Adda, Duque de Fernán­-Núñez. Ese mismo año, concretamente el 31 de enero, se inauguré el Hipódromo de la Castellana, aunque las obras continuaban realizándose.

Para su creación fue necesario realizar un importante movimiento de tierras. Los intensos temporales que aquel invierno se abatieron sobre Madrid, provocaron diversos accidentes mortales entre los obreros. Este hipódromo poseía una situación privilegiada; dentro del casco de la población, enclavado en los lugares que ocuparon más tarde los ministerios de Obras Públicas y Trabajo. Inestimable para su construcción fue la ayuda del Conde de Toreno.

Se inauguró al público coincidiendo con las carreras de la temporada otoñal madrileña en las fiestas de los esponsorios de Alfonso XII con María de las Mercedes de Orleans y Borbón.

En julio de ese año se ponía de manifiesto, en una circular firmada por el presidente Duque de Fernán-Núñez y el secretario marqués de Villalobar, la necesidad de instituir un Gran Premio de Madrid.

El Hipódromo de la Castellana tenía una cuerda de 1.400 metros. Existían dos recintos: la tribuna de libre circulación y la tribuna pública.

El «Gran Premio de Madrid» tuvo su primera edición en 1881, siendo ganada por Sirena, de Don José Pedro de Aladro.

En 1883, y dependiente de la Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio, se crea la Comisión del Registro Matrícula de Caballos de Pura Sangre o Stud Book español.

El primer tomo del Stud Book se publicó en 1884 y en él aparecieron los orígenes de ejemplares importados a nuestro país desde la década de los 50. Algunas de aquellas primeras importaciones de los criadores españoles presentaban muy buenos orígenes. Entre las yeguas había hijas de grandes caballos como Hermit, Bend’Or o Dollar pero, sin embargo, parece que por aquella época las yeguadas españolas no se ubicaban en los terrenos apropiados, ni empleaban los métodos más adecuados para la cría del purasangre, lo que impidió que estas importantes sangres se perpetuaran en nuestro país. El primer presidente de la Comisión del Registro Matrícula fue el duque de Fernán-Núñez, a la sazón presidente de la SFCCE.

También entre 1883 y 1884 comenzó a editarse de forma irregular la Guía de Carreras de Caballos en la Península, con una completa información en cuanto a los caballos, propietarios, jockeys y premios de las carreras del año recientemente terminado. Estuvo editada, desde un principio, por la Sociedad de Fomento. Existe constancia física de una Guía de 1875, todavía rudimentaria, que se presenta a sus lectores «por segundo año».

Probablemente en 1886, es elegido presidente el Marqués de Alcañices que consiguió obtener para la Sociedad el auspicio de la Reina Regente.

La primera noticia sobre carreras en Cataluña (si excluimos las de cintas) datan del 25 de septiembre y el 8 de octubre de 1871, cuando, con motivo de la subida al trono de Amadeo 1 de Saboya, para celebrar tal efeméride, el Ecuestre organiza esas carreras en el Campo de Marte de Barcelona, en las que salen triunfantes Sebastián Mínguez, un conocido veterinario y su hijo Sebastián, que montó a Corzo.

Pese a esta primera experiencia, hasta el 7 de diciembre de 1882 no se firma el arriendo de terrenos para el Hipódromo; son 10 hectáreas de un terreno de experimentación de la Compañía Agrícola Catalana. Simultáneamente, se funda la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar de Cataluña.

La inauguración tiene lugar coincidiendo con las fiestas de la Merced de 1886. Asistirán unas 7.000 personas y más de 300 carruajes.

La llegada del siglo no alteró el estado letárgico en el que vivían las carreras españolas. El marqués de Alcañices, como ha quedado dicho, había sucedido a Fernán Núñez en la presidencia de la SFCCE y algunos datos respecto a su directiva pueden servir de ilustración sobre el estado de cosas. Dicha junta no se reunió más que tres veces en 1905 y en la última de dichas reuniones se planteé, incluso, la conveniencia de dar o no carreras al año siguiente. En 1906 la junta se reunió el mismo número de veces; a la primera reunión acudieron seis personas, a la segunda, cuatro, y a la última, sólo el Presidente Alcañices y otro de los miembros de su Junta.

En 1907 el Marqués de Alcañices es sustituido en el cargo por el Duque de Tamames. Es la época que coincide con la protección prestada por D. Alfonso XIII, Duque de Toledo, que durante su reinado apoyé en todo momento las carreras. En 1.910, la supervivencia de las carreras se movía sobre un hilo tan fino, que los propietarios que formaban parte de la junta directiva se plantearon el no cobrar los premios para asegurar en lo posible la supervivencia de la actividad. Durante aquellos años, las carreras gozaban de una pequeña subvención del ministerio de Fomento. En 1909 había sido nombrado secretario de la SFCCE el marqués de Martorell, que permaneció en el puesto hasta 1925. Por entonces, el secretario era el encargado de la confección y redacción de los programas de carreras.

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